Artículos de opinión de la actualidad musical. Los artículos de Gonzalo Alonso aparecen publicados habitualmente en "El Cultural" de "El Mundo" y en "La Razón". También se recogen otros de firmas significativas aparecidos en la prensa.
Desde Cataluña con… temor (3a parte)
20-04-2010
Desde Cataluña con… temor (3a parte)
Dejando al margen los periódicos oficiales y su nefasta política cultural en la mayoría de casos, el escándalo de las revistas y colaboraciones de comentaristas y críticos musicales merece un párrafo. La crítica musical nunca ha sido el único sueldo de un crítico, pero el chollo de la mayoría de publicaciones y las colaboraciones gratuitas -o irrisoriamente pagadas- debería ser suficiente para generar un huelga general. Cuanto menos debería motivar una desafección que se tradujera en una continua ausencia de operatividad de los firmantes. Claro está que la remuneración empujaría a una selección natural de las firmas entre tanto diletante. Pero.. ah! Los amiguismos y el cariño impiden la utópica “huelga”. En tal caso, cierto editor no podría repetir con suma desfachatez aquello de: ¡Deberíais pagar los críticos para publicar!
Por su parte, Catalunya Música recortó presupuesto: muchas de sus retransmisiones ya no cuentan con un presentador y un invitado en funciones de especialista. A partir de 2010 sólo las retransmisiones con dos entreactos mantendrán la privilegiada fórmula. Por cierto, ¿cuánto cuestan los pactos de intercambio y retransmisiones de conciertos con radios europeas? En compensación por los recortes han evitado -por ahora- la reducción de plantilla y mantienen activos espacios de crítica y comentario breves como los Contrapunt que son el sustento de algunos dentro de la casa. Sin duda, es una medida loable en los tiempos que corren pero desaprovecha la ocasión para echar alguna colaboradora cuya insustancialidad exaspera a más de un oyente.
Punto y aparte es la debacle de la Revista Musical Catalana. Lejos de asumir el papel pionero de los primeros años de existencia de la publicación, la gestión del señor Jaume Comellas es el de un tedio arraigado en lo pretérito, lo pretencioso y lo mediocre. Reseñas entre lo tópico y lo ignorante con divagaciones narcisistas; entrevistas y noticiarios de las favoritas de turno; inestabilidad de la sección de discos y libros –¡con la cantidad de empresas afincadas en la región!-; reincidencia hasta lo abusivo de una retórica agotada y agotadora en una redacción vacía e hipertrofiada de su “caudillo”,… Y lo peor: ¡todo ello pagado con bastante dinero público! En fin, la Revista Musical Catalana no es más que un cementerio periodístico con la apariencia de boletín informativo, donde muy pocas son las firmas con valores para la reflexión. Casualmente, éstas son las menos vinculadas a la publicación.
Por otro lado, en este país, a pesar de haber inaugurado un sinfín de auditorios y de tener una “primera dama” soprano, sólo los que dan un salto a los medios de producción o bien salen fuera de nuestras fronteras, logran vivir de su formación y aptitudes musicales. Pero no ha de extrañarnos. Recordemos que, en el gobierno catalán, para ser Conseller de Economía, cuanto menos en Cataluña, se requiere un currículum adecuado al cargo –¡faltaría más!- mientras que para ser Conseller de Cultura, no. Pretendemos la excelencia pero olvidamos los circuitos que han de fomentarla y gestarla. Aún más, olvidamos cómo cultivar esa excelencia. La selección natural es lógica pero el exterminio de posibilidades de futuro no. Porque ¡al loro! en lo artístico ¡no estamos tan mal! R.B.
Desde Cataluña con… temor (2a parte)
12-04-2010
Desde Cataluña con… temor (2a parte)
Por otra parte, el desastre del Palau es gravísimo. Lo es tanto como todos los escándalos de corrupción que azotan la política española, especialmente de derechas. Pero del caso Palau no es tan grave el hurto en sí mismo, como el silencio y el peligro de una caída en cadena de la clase política y burguesa catalanas. Lo verdaderamente dañino del caso es el impedimento de generar empleo para músicos a quienes se les ha negado la posibilidad de desarrollar sus estudios y aptitudes, siendo obligados a vivir de un pluriempleo agotador y mal compensado durante años. Una actividad, además, cuyos contratos y seguridad social han brillado por su ausencia. El caso más evidente es el de los cantantes de los coros de la casa que tras prestar años de servicio no cotizaron ni una peseta/euro durante décadas.
La zarzuela sobrevive con pésimas y mal organizadas temporadas amateurs cuya Federación Catalana de Teatre Líric irradia inoperancia a grados difícilmente comprensibles. Es una verdadera lástima porque la hábil gestión de estos centros permitiría la formación de artistas y sería un medio de subsistencia de artistas mediocres y de limitada salida profesional. A su vez, sería una opción digna para aquellos cantantes competentes que no tuvieran espacio en circuitos de enjundia. Pero, ni a ello llegan, porque, repito, la inoperancia -hermana de la ignorancia- de sus dirigentes impide que los recursos económicos públicos recibidos anualmente des de 2005 hayan mejorado lo más mínimo la calidad y la eficacia de sus propuestas.
En lo que respecta a l’Auditori hay que alabar la ingente cantidad y variedad de programación pero como decía un respetable crítico, a veces compra por catálogo. Así, no olvidemos el fracaso de la versión en concierto de El rapto en el serrallo de Mozart que abrió el irrisorio Festival Mozart de Barcelona de esta temporada 2009-10. Fue lo que podríamos llamar un “Rapto chovinista” pues solo participaron alumnos de la profesora Ana Luisa Chova. Los resultados, por cierto, fueron tediosos y con insuficiencias en los roles de Konstanze, Blonde y Osmín tal y como señalaron los periódicos.
A grandes rasgos, sólo queda Sabadell como vía profesional –aunque sólo ocasionalmente—. No obstante, los caches de la temporada gestionada por Mirna Lacambra no son demasiado decentes y las becas para algunos de sus coristas resultan insuficientes. A menudo, además financiados por la propia junta gestora de la entidad. Terrible! Y es una lástima pues por allí han pasado músicos de gran profesionalidad que por desidia o insuficiente infraestructura no disfrutan del oasis que merecería ser el paraíso operístico catalán. Lejos queda el plantear la total profesionalización del coro, más urgente y más democrático que la construcción de un nuevo teatro –igualmente necesario- acondicionado a las exigencias de una temporada operística. Junto a los AAOS, solo las modestas y ocasionales producciones de Amaresc y el ciclo Mas i Mas ofrecen una visión real de la calidad artística del territorio y una oportunidad de desarrollo. Ni las temporadas de Juventudes Musicales son un exilio, especialmente en los círculos regentados por Oriol Pérez Treviño donde lo de Juventudes Musicales de Cataluña se queda en Musicales. En ocasiones ni de Cataluña ni de España, de fuera y cuantos más mejor. Sirva lo dicho para la Xarxa de Músiques de Catalunya también gestionada durante bastante tiempo por el mismo sujeto. R.B.
Desde Cataluña con… temor (1a parte)
02-04-2010
Desde Cataluña con… temor (1a parte)
España no es la octava potencial mundial. Han tardado en darse cuenta del engaño. No es un país suficientemente desarrollado y Cataluña no es más que una comunidad autónoma con delirios de grandeza por no desanclarse de su pasado, por no saberse renovar y revivificar su enorme potencial. Por eso su operatividad se devalúa ante la protesta repelente y persistente de una sociedad catalana que está acomodada en lo que los sociólogos han bautizado el “sofá social”. La Cataluña actual sería incapaz de crear un ente como el Gran Teatro del Liceo, de potenciar las autopistas o de echarse a la calle para protestar por la subida de 5 céntimos en el billete de tranvías como antaño. Cierto es que también hay movilizaciones oportunas y nacen organizaciones de denuncia como las surgidas tras la deplorable gestión de las consecuencias de la nevada del pasado marzo, pero la situación musical es un reflejo de esta crisis de país. ¡Hasta lo reconoció Pujol! No sólo es una crisis económica, es de país. Lo que implica crisis de modelos de crecimiento, de identidad. Los tiempos de gloria y de liderazgo fueron otros. Los de opresión, también fueros otros. El presente es más de manipulación y demagogia.
En lo musical y en lo lírico en particular, Cataluña sufre otra de las grandes contradicciones. Frente a la pluralidad de festivales de verano, las temporadas sinfónicas y operísticas regulares son cotos elitistas y endogámicos. Los monopolios de agencias son una realidad: algunas dentro de la región; otras fuera, como la de Ros-Marbà y la Real Filharmonía de Galicia. Bienvenidas son las nuevas iniciativas como la del Centro Robert Gerhard cuya política artística augura un buen futuro en lo musicológico y lo patrimonial, aunque no faltan los temores sobre la gestación un nuevo círculo cerrado. Un ligero hedor empieza a fraguarse.
El tema de las influencias, los agentes y los circuitos bien merece una cita histórica de la mano de Normann Lecbrecht. Recordemos los tiempos de la CAMI neoyorquina y los últimos años del monopolio artístico creado por Arthur Judson. Su heredero, Billy Judd fue destronado por otro heredero, Ronald Andrew Wilford, quien se convertiría en uno de los grandes hurones del management del mundo de la clásica del último tercio del siglo XX. La cultura musical, como entonces sigue en unos circuitos donde la homosexualidad parece ser un visado para saltar fronteras. Afortunadamente, hoy en día la orientación sexual no es un delito castigado ni sufre el chantaje, la marginación o la clandestinidad de antaño. Recuérdese que éste fue el recurso que derribó a Judd cuando Wilford llevó a término su conspiración para dirigir la magna agencia artística. Pero hoy día casi parece suceder lo contrario: la homosexualidad legitima los favores y los contactos. No nos sorprende: también durante esa clandestinidad era una moneda de cambio pero cuando esto condiciona el funcionamiento de teatros con enormes subvenciones públicas ya es más denunciable. La homosexualidad tuvo y tiene en la comunidad artística una capacidad paradisíaca que ha permitido pasar de la tolerancia o el benigno desinterés a una “oligarquía” o, mejor dicho, una “oligayquía”.
De ahí que lo de ser gayfriendly empiece a ser preocupante. ¿Acaso no se pueden entiender así los estrechos círculos que durante años han restringido la variedad de artistas nacionales –salvo los más rentables como Carlos Álvarez, Ángeles Blancas o Stefano Palatchi-? Recuerdo que hace algunas semanas, en una charla ofrecida en una facultad de Barcelona, Joan Matabosch destacaba como artistas “gestados en la casa” a Simón Orfila y a Joan Martí-Royo. ¿No es una cifra paupérrima para 10 años de gestión? Del primero cabe decir que simplemente circuló por el coliseo y que ya venía con un cierto nombre, no creció en él en un sentido estricto. Del segundo hay que recordar la insuficiencia de su instrumento como barítono operístico a pesar de la musicalidad y gusto en el fraseo. Les invito a escuchar el recientemente comercializado disco “Anima, ópera catalana” (Columna Música) para observar las carencias técnicas de este cantante.
No olvidemos tampoco las ansias de cosmopolitismo y grandeza de la gestión Matabosch: muy acertadas en ocasiones, desastrosas en otras. Por ejemplo, ha sido una constante la elección de extranjeros para comprimarios y secundarios. Parece que la comisión artística creada hace meses debía velar para diluir el feudo foráneo del nuevo coliseo. No obstante algunos se preguntan si a su vez son la guardia protectora de otro socavón económico como el del Palau.
El Liceo sólo se ocupa de los que tiene cerca cuando los fondos escasean, para alguna sesión en el foyer o hay que producir los espectáculos de El petit Liceu. Entonces el contrato de músicos autóctonos parece lícito. Eso sí, a cambio de cantidades irrisorias para papeles que, en el tercero de los ejemplos, sólo cantarán en producciones minoritarias puesto que lo hacen en catalán y con lógicos cortes en la partitura dado el público al que se dirigen. ¿Qué artista nacional puede formarse así en un teatro con esta dinámica? ¿Dónde están los cantantes que deberían de casa que deberían crecer como en los tiempos de Pamias? El tema da para mucho pero son sintomáticas las cartas al director en una reconocida revista. Muchas coinciden en que la crisis económica no es tan grave como la desidia suscitada ante las producciones del Liceo lo que produce la debacle de abonos en las dos últimas temporadas. El ejemplo más reciente y que evidencia la incompetencia y el desinterés de las autoridades culturales y las comisiones de gestión de la entidad es el fiasco artístico y el despilfarro económico de la función retransmitida por televisión de Il trovatore con presencia monárquica incluida. Se quiso celebrar por todo lo alto los 10 años de la reinauguración del coliseo. El resto ya lo saben y si no en los foros hay opiniones muy acertadas.
Pero es que lo del Liceo da para mucho, para mucho más. Empezando por la cantidad de gente que trabaja en administración y el progresivo exterminio del coro por exceso de presupuesto o la no menos escandalosa participación de Intermezzo como agencia de refuerzos. Lo que en el Real madrileño parece darse no tardará en suceder en Barcelona. R.B.