Crítica: de la meditación a la fiesta con la OCNE
ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA. CICLO SINFÓNICO
De la meditación a la fiesta
Obras de Rachmaninov, Humet y Respighi. Horacio Curti, shakuhachi. Paolo Bressan, director. Madrid, Auditorio Nacional, 16-VI-2019 Ciclo Sinfónico Orquesta Nacional de España.
Debutaba con la Nacional el italiano Paolo Bressan, colaborador en alguna ocasión (Elektra, por ejemplo) del titular de la Nacional, David Afkham, y de otros maestros. Es muy alto, enteco, ágil y dispuesto, de gesto amplio, y claro, brazos largos y bien proyectados, batuta en ristre –no en la obra estreno- con movimientos eléctricos, amigo de subdivisiones y de marcar el impulso en las partes superiores del compás, en movimiento muy propio de un director como Christian Thielemann, con quien también ha colaborado.
En “La isla de los muertos” de Rachmaninov supo controlar las penumbras del comienzo, perfilar el amenazador tema del “Dies Irae” y subrayar las partes mas cadenciosas. Consiguió también dotar de brillantez a las dos agradecidas piezas de Respighi programadas, “Fuentes de Roma” y “Pinos de Roma”, y destacar su singularidades tímbricas. Los metales, a veces no muy regulados, se lucieron, en especial los trombones y las trompetas. Discutibles aceleraciones en el segundo poema sinfónico, con radiante prestación orquestal, hermosas frases del clarinete de Javier Balaguer en el “Gianicolo” y buen control del monumental crescendo de la “Via Appia”, de dosificación mejorable.
Se estrenaba “Desert para shakuhachi y orquesta” del barcelonés Ramón Humet (1968), sabio en el análisis espectral, en la observación y percepción microscópica de las sonoridades, a las que confiere una perspectiva poética y meditativa próxima a la filosofía zen, que vertebra gran parte de su creación, como resalta en sus clarificadoras notas la musicóloga Belén Pérez Castillo. A lo largo de ocho partes el compositor traza un cuadro sonoro inspirado en un grabado de Fortuny, Anacoreta. Los barridos armónicos, el empleo hacia el final de un motivo repetitivo de tres notas, los pedales, el paulatino despojamiento proporcionan una extraña y cautivadora aura sonora a lo largo de un discurso de casi 30 minutos que se nos antoja innecesariamente prolijo, aunque siempre bello y atractivo. El magnífico Horacio Curti mostró las posibilidades de un instrumento –dos ejemplares de diversa sonoridad- que emparenta con la europea flauta dulce, pero que tiene unos registros que permiten una pigmentación tímbrica más amplia y variada. Arturo Reverter
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