Crítica: Pablo Urbina dirige la Orquesta de RTVE
Desenfado
Obras de Ibarrondo, Ravel, Milhaud y Gershwin. Aitor Amilibia (txistu y tamboril), Josean Hontoria (acordeón) y Yeol Eum Son (piano). Orquesta Sinfónica RTVE. Director musical: Pablo Urbina. Teatro Monumental. 20 de octubre
El tercer programa de la temporada miraba de reojo a los raros, a los inadaptados, a estas composiciones que se salen del camino trazado por concepto, forma o intención. Arrancó con En dehors de Félix Ibarrondo, estreno absoluto por parte de la Orquesta Sinfónica RTVE y que supone una especie de viaje alucinado que consigue integrar tímbricas tan dispares como la del txistu, el tamboril o el acordeón con la orquesta. El título ya daba pistas (“Hacia afuera”) respecto a una partitura que no busca el acomodo en ninguna tendencia y que usa el registro de lo anormal para buscar solapamientos en el espectro sonoro con efectos extraordinarios. Gran trabajo de Aitor Amilibia, el intérprete y gran defensor de la versión evolucionada del txistu, el silboberri.
Yeol Eum Son se sumó a la fiesta con el Concierto para la mano izquierda en Re mayor de Ravel, una de esas delicias inauditas que van más allá de lo anecdótico y se han integrado con naturalidad en el imaginario cultural —equivalente, saltando las barreras artísticas, a aquella La disparition de Georges Perec, novela de más de 300 páginas donde se omite la letra e, la más habitual en francés—. La pianista surcoreana conoce muy bien el catálogo de texturas y colores que maneja Ravel, y los expone con naturalidad y sin alardes de potencia que engrosarían una pincelada musical que aquí sólo puede caber fina. Lo mejor, el primer movimiento, un “Lento” tan evocador como lúcido en su fraseo. Magnífico guiño final de Yeol Eum Son en el bis, no por la elección de la obra (el habitual Preludio n.º 1 en Do mayor, BWV 846), sino por interpretarlo únicamente con la mano izquierda.
Para la segunda parte quedaban dos piezas de fuerza imparable. Primero, La Création du monde, op. 81a de Milhaud, una obra atravesada por los ecos del viaje del compositor al Harlem a empaparse del alquitrán hermoso del jazz. Aquí los seis cuadros que cuentan la vida del mundo, desde la génesis hasta el beso del hombre y la mujer que dan lugar a la primavera, se despliegan con naturalidad por los metales con especial atención al saxofón. La fastuosidad de la temática choca con el desenfado orquestal que propone el compositor, interpretado con medido desmelene por la Orquesta Sinfónica RTVE y con Urbina subrayando el patrón sincopado que conforma la base de la partitura.
Para acabar, una de las obras más queridas de Gershwin, An American in Paris, un coqueteo con la alegría en frasco orquestal. Buen ritmo y espíritu, que taparon algunos desajustes en una música donde la precisión es tan necesaria. Tras su aparente informalidad Gershwin esconde engranajes de relojero… El muy escaso público disfrutó, aplaudió y trasladó el calor a la orquesta como si fuera una sala llena. Mario Muñoz Carrasco
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